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Ortega y Gasset   
Ortega y Gasset

Pensador español (Madrid, 1883-1955). Nació en una familia acomodada de empresarios y periodistas: su abuelo Eduardo Gasset había fundado el influyente diario liberal El Imparcial en 1867; y su padre, José Ortega y Munilla, fundó con Nicolás María de Urgoiti en 1917 el diario El Sol, orientado a un periodismo independiente para un público culto, demócrata y moderno. El joven Ortega, educado por los jesuitas, estudió Filosofía en la Universidad de Madrid y completó su doctorado en Alemania. En 1910 obtuvo la cátedra de Metafísica de la Universidad Central de Madrid. Hizo sus primeras armas periodísticas en los medios que dirigía su padre, fundando posteriormente él mismo otros órganos de opinión, como la revista España (1915), la Revista de Occidente (1923) o la «Biblioteca de ideas del siglo xx» de la editorial Calpe (1920). En ellos sostuvo posturas críticas hacia el régimen político de la Restauración y, sobre todo, contra el atraso y el estancamiento cultural de la España de entonces. Adquirió prestigio como principal cabeza visible de un grupo de jóvenes intelectuales reformistas, que después se dio en llamar «generación de 1913» o «de 1914»; su manifiesto fundacional sería el artículo de Ortega «Vieja y nueva política» (1914), donde actualizaba la temática de los regeneracionistas y de la «generación de 1898», criticando el caciquismo, el fraude electoral sistemático y la falsedad del régimen representativo tergiversado por una clase política anclada en sus privilegios. Un año antes había fundado, al servicio de los mismos ideales de regeneración nacional, la Liga de Educación Política, junto con otros intelectuales como Salvador de Madariaga, Manuel Azaña, Américo Castro, Luis Araquistáin o Pablo de Azcárate. El compromiso político de Ortega, ligado al entorno del Partido Reformista de Melquiades Álvarez, se acentuó a medida que se agravaba la descomposición de la Monarquía de la Restauración. Ante la crisis de 1917 publicó su artículo «Bajo el arco en ruina», donde se hacía eco del clamor de la opinión pública democrática por abrir un proceso constituyente que adaptara el régimen político español a las tendencias democratizadoras europeas. En su libro La España invertebrada (1921) enlazó con el discurso clásico de la decadencia de España, aludiendo a la falta de una minoría selecta capaz de liderar y estructurar a la nación. Convertido ya en decidido partidario de la República, aceptó en un primer momento la dictadura de Primo de Rivera, que prometía acabar con el caciquismo; el autoritarismo represivo de la dictadura, sin embargo, le llevó a una oposición frontal, que pagó sufriendo represalias como la censura de sus artículos en El Sol (1928) y la separación de su cátedra (1929). Tras la dimisión de Primo de Rivera publicó un artículo que tuvo gran resonancia, titulado «El error Berenguer», aludiendo a la imposibilidad de regresar a la normalidad constitucional después de la experiencia de la dictadura, como pretendía el general Berenguer (1930). En consecuencia, apoyó la proclamación de la Segunda República (1931) e incluso participó en la formación de un grupo político formado por intelectuales dispuestos a favorecer el advenimiento y consolidación del nuevo régimen: la Agrupación al Servicio de la República (junto con Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala). En consecuencia, fue diputado en las Cortes constituyentes de 1931. Pero la política de la coalición republicano-socialista dirigida por Azaña le pareció sectaria e inadmisible para sus convicciones liberal-conservadoras, como argumentó en su discurso sobre «Rectificación de la República» (1931); desengañado, disolvió la Agrupación (1932) y se alejó de la política activa (1933). Este distanciamiento de la política izquierdista vino precedido por la publicación de La rebelión de las masas (1930), su obra más polémica, en la que daba fe del advenimiento de una nueva época en la civilización occidental (la de la cultura de masas y la democracia), pero mostraba un rechazo elitista instintivo hacia el predominio popular, en la línea de las corrientes de pensamiento antidemocrático del periodo de Entreguerras. Al estallar la Guerra Civil de 1936-39 abandonó el país, manteniendo un largo exilio voluntario en Francia, Argentina y Portugal. Desde 1942 empezó a pasar temporadas en España, adonde regresó definitivamente un año antes de su muerte. En cuanto a su pensamiento filosófico, ha sido calificado de raciovitalismo. Entendió el conocimiento como una reflexión sobre la vida del hombre y sobre su entorno, realizada desde las circunstancias concretas del sujeto mediante el instrumento de la razón vital o razón histórica. Destacan en ese sentido sus Meditaciones sobre el Quijote (1914), los ocho volúmenes de El espectador (1916-34), El tema de nuestro tiempo (1923), La deshumanización del arte (1925), Ideas y creencias (1940), Historia como sistema (1941), En torno a Galileo (1942)…
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