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Sexto Empírico
Sexto Empírico

Entre los sucesores de Enesidemo, además de Favorino, natural de Arlés, en la Galia, cuyo escepticismo [393] sólo es conocido por los títulos de sus obras y por indicaciones más o menos vagas de Galeno, distinguiéronse Agripa y el médico Sexto, que recibió la denominación de Empírico a causa de la escuela médica a que pertenecía {136}, y que floreció hacia fines del siglo II de la Iglesia. El primero de éstos, o sea Agripa, redujo a cinco los diez tropos o motivos de duda que solían alegar los pirrónicos, a saber: 1º, la discordancia y contradicción en las opiniones y sistemas de los filósofos; 2º, la necesidad de proceder in infinitum en lo que se llama demostración, puesto que las premisas de toda demostración necesitan a su vez ser demostradas; 3º, la relatividad, o, mejor dicho, la subjetividad de nuestras sensaciones e ideas; 4º, el abuso de la hipótesis, o sea la conversión de hipótesis en tesis; 5º, el empleo frecuente del círculo vicioso. El segundo asumió la misión de reunir, desarrollar y condensar respectivamente todos los argumentos aducidos a favor del escepticismo desde Pirrón hasta sus días. Sus Hypotyposes pyrrhonicae y su tratado Adversus mathematicos, pueden considerarse como una compilación y comentario general de los trabajos precedentes en favor del escepticismo, y como el arsenal común de los escépticos que le siguieron hasta nuestros días. Son obras que apenas contienen rasgo alguno de originalidad, pero que revisten el carácter de [394] verdadero monumento literario levantado al escepticismo, a causa de la extensión, universalidad y método de sus ataques. Porque Sexto Empírico, además de agrupar y exponer en sus obras los argumentos todos del escepticismo, dirige ataques especiales y directos contra cada una de las ciencias. Su obra Adversus mathematicos, aunque lleva este título, contiene capítulos o tratados especiales contra los astrónomos, contra los aritméticos, contra los lógicos, contra los físicos, contra los matemáticos, contra los moralistas, de manera que pudiera muy bien intitularse Adversus omnes et singulas scientias. En realidad de verdad, Sexto Empírico merece ser considerado como el principal representante de la escuela escéptico-positivista que nos ocupa, y que parece haber florecido durante los dos primeros siglos de nuestra era. Sexto es el gran vulgarizador de esta escuela, porque en sus dos citadas obras expone, resume y desenvuelve respectivamente las teorías y argumentos de sus antecesores y compañeros. Así es que aunque sus escritos no se recomiendan ni por el método, ni por el estilo, ni por la originalidad, sirvieron de arsenal y fueron como fuente general en que han ido a beber en todo tiempo los partidarios del escepticismo. Debemos, además, al autor de las Hypotyposes pyrrhonicae el conocimiento exacto y concreto de la naturaleza, procedimientos, aspiraciones y fines del escepticismo empírico o positivista. Para Sexto, el escepticismo es una especie de arte o disciplina esencialmente dubitatoria, una facultad o fuerza indagatoria, y a la vez hesitatoria de suyo y siempre (dubitatoria vel [395] haesitatoria, aut inde quod de re omni dubitet et quaerat, aut propterea quod haesitans, suspenso sit animo ad assentiendum aut repugnandum), de manera que en ningún caso y por ninguna razón produce asenso o disenso en el hombre. El verdadero escéptico se mantiene siempre en la duda; no se inclina jamás a parte ninguna, y esto, no ya sólo tratándose de asenso cierto, sino también de asenso probable o verosímil, en lo cual el verdaero escéptico se distingue y separa del escéptico académico, que admite probabilidades, es decir, que en sus juicios se inclina a una parte más que a la contraria: esto sin contar que el escepticismo académico afirma que todas las cosas son incomprensibles, afirmación de que se abstiene el escéptico verdadero, el cual ni afirma ni niega {137} tampoco la incomprensibilidad de las cosas. El fin a que debe aspirar el escéptico, como fin último y bien supremo del hombre, y fin que se consigue en lo posible por medio del escepticismo, es la imperturbalidad de la mente, la ataraxia, la tranquilidad perfecta del ánimo; porque cuando el alma, en el orden especulativo, nada afirma ni niega; cuando nada juzga realmente como bueno ni malo en sí mismo, y en [396] el orden práctico o moral se limita a satisfacer las necesidades naturales (la sed, el hambre, el calor, &c.), y a seguir sencillamente las indicaciones de la costumbre y de la ley, es cuando posee la tranquilidad asequible, la imperturbabilidad de ánimo que cabe tener. En suma: el escéptico se propone como fin y felicidad suprema y única la imperturbabilidad (dicimus autem finem esse Sceptici imperturbatum mentis statum) del alma; para conseguirla: a) duda de todo, y nada afirma acerca de lo que es bueno o malo, y, por consiguiente, no persigue, ni busca, ni rehuye cosa alguna con vehemencia (qui ambigit de his quae secundum naturam bona aut mala sunt, nec fugit quidquam nec persequitur acri studio, proptereaque perturbatione caret) e intensidad, lo cual excluye la perturbación; b) sigue en la práctica las corrientes de la vida común (observationem vitae communis) u ordinaria, conformándose con las costumbres y leyes, sin dejarse llevar de afectos o pasiones tumultuosas, y obedecienco a las necesidades de la naturaleza, como obedece a la costumbre y a las leyes, con perfecto indeferentismo, y sin formar juicio alguno acerca de su bondad o malicia: Nos autem leges, et consuetudines, et naturales affectiones sequentes, vivimus citra ullam opinationem. Aparte de su contenido escéptico, los libros de Sexto Empírico contienen abundantes y, ordinariamente, exactas noticias e indicaciones acerca de los sistemas y opiniones de los filósofos antiguos. Ya hemos indicado antes que las obras de Sexto Empírico son las fuentes en que han bebido todos los escépticos desde la época del médico empírico hasta nuestros días. Y ahora debemos añadir que apenas se enecontrará [397] argumento de alguna fuerza entre los alegados por el escepticismo en sus diferentes fases históricas, que no se halle o desenvuelto, o indicado al menos en los escritos de Sexto Empírico. La existencia de Dios y la noción de causa son objetos preferentes de los ataques del escéptico alejandrino, el cual dedica sus esfuerzos a rechazarlas y destruirlas en los primeros capítulos del libro tercero de sus Hypotyposes Pyrrhonicae. Entre los demás argumentos, alegados ordinariamente contra la existencia de Dios, hállase allí expuesto y desarrollado, con cierto lujo de palabras y detalles {138}, el que se refiere a la providencia divina en sus relaciones con la existencia y origen del mal.
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