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EL VITALISMO

Se denomina "vitalismo" a la corriente filosófica que atiende a la llamada "idea de la vida" o "filosofía de la vida", aunque algunos estiman que se trata, más adecuadamente, no de una filosofía en sí, sino de una mera reflexión o reflexiones sobre la vida.
Sus representantes más destacados son: Wilhelm Dilthey, Henri Bergson, George Simmel, Maurice Blondel y Miguel de Unamuno.
Algunos tratadistas suelen incluir a Federico Nietzche, Oswald Spengler, William James, Emmanuel Mounier y Jean Lacroix. Pero Nietzche, junto con Schelling y Schopenhauer, pese a ser el primero un precursor del irracionalismo, no es propiamente un vitalista, en tanto que los dos siguientes son irracionalistas sólo en la medida en que el idealismo del primero y la impugnación del sistema hegeliano por parte del segundo, permiten conceptuarlos como tales. Spengler es calificado más como un historicista. James es un pragmático y, para muchos, el más radical de los empiristas. Mounier y Lacroix son considerados en mucho mayor grado dentro del personalismo.
Cabe aclarar que el irracionalismo de Nietzche, Schelling y Schopenhauer se concibe como una mera metafísica de lo irracional que atiende a la esencia del mundo como algo plenamente incognoscible para la razón, sosteniendo el principio absoluto de un mundo irracional en todos los sentidos, y tan es así que Nietzche centraba sus tesis en la voluntad de poder, Schelling en una filosofía positiva que se avocaba al problema romántico e idealista de la identidad y Schopenhauer a la metafísica de la voluntad irracional. En tanto que el irracionalismo de los llamados propiamente vitalistas no constituye una mera a-racionalidad, es decir, una simple negación de la razón, como en aquellos, sino una concretísima ubicación de la razón en un peldaño previo al de la vida, es decir, que se trata en ellos de un auténtico irracionalismo, entendido como corriente filosófica y no de una absoluta negación de la filosofía misma al descartar su naturaleza propia que es el empleo limitado de la razón, incluso para asignarle el papel mínimo que le corresponde dentro de su propia conceptualización .
Dicho en otras palabras: el término irracionalismo en el ámbito de la filosofía no resulta suficientemente acertado, ya que la filosofía se sirve, por definición de la razón. De tal forma que lo que se considera como irracionalismo dentro de ella no significa precisamente una filosofía de lo irracional ni una negación de su esencia, sino una forma de abordarla a través del énfasis en las condiciones vitales. De allí que se consideren adecuadamente como irracionalistas únicamente a los vitalistas, ya que anteponen la vida al pensamiento sin descartar la función propia de la filosofía, incluso para considerar la ubicación justa de la razón, mientras que quienes son considerados como a-racionales son aquellos que reniegan de la filosofía misma pese a que se sirvan de ella para combatirla, como es el caso de los citados.
Ahora bien, el planteamiento esencial de esta corriente vitalista y, por ende, irracionalista, por contraposición con el empirismo y el neoempirismo, no es, como para ellas, el conocimiento científico de la materia, sino la explicación de la realidad entera que constituye el fenómeno al que se denomina vida. Sus representantes se alejan por igual del materialismo y del kantismo, o sea del materialismo y del idealismo, para abordar seis aspectos esenciales que vienen a caracterizarlos:
1.- Su actualismo. Para ellos no existe más que el movimiento, el devenir y hasta el ser y la materia, pero siempre en movimiento. "Encierra más el devenir que el ser", decía Bergson. Y esa es su motivación principal.
2.- Su organicismo. La realidad se muestra en forma orgánica, es decir, que la biología es más decisiva que la física, aunque para algunos, como Dilthey, también la historia tiene importancia.
3.- Su irracionalismo. El interés por la biología les hace en alguna medida empiristas, pero sobre todo irracionalistas. Los conceptos, los apriorismos y las derivaciones lógicas no tienen cabida. Los métodos a emplear por la filosofía, según ellos, son la intuición, la práctica, la comprensión histórica, pero no los métodos racionales.
4.- Su objetivismo. Aceptan la existencia de una realidad objetiva que trasciende al sujeto, por contraposición con cualquier clase de subjetivismo, de tal forma que rechazan el idealismo trascendental kantiano o absolutismo conceptual.
5.- Su pluralismo. Son proclives a las teorías evolucionistas por contraposición con los monismos materialistas e idealistas.
6.- Su personalismo. La mayor parte de ellos son afectos a la consideración de la persona como punto de partida del filosofar.
De hecho cabe hablar de cuatro escuelas principales dentro de esta corriente, aunque con las aclaraciones previamente formuladas:
1.- La bergsoniana, que se refiere al llamado élan vital, o corriente de vida que caracteriza al ser, continuada por el personalismo francés con Emmanuel Mounier y Jean Lacroix.
2.- La diltehiana, que se caracteriza por la concepción historicista.
3.- La pragmática, que se orienta a la aplicación práctica de la permanencia en el mundo, y que se propagó sobre todo en Inglaterra y Estados Unidos.
4.- La nietzcheneana, spengleriana y simmeliana, que es la más irracionalista y que constituye su versión alemana. No debe descartarse dentro de ella, como ya se advirtió, a Schelling y Schopenhauer.

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